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Thánatos paga con tarjeta, el adicto al contado

17/07/2018 Sin categoría

 

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Adicción a las compras, shopaholic, oniomanía,comprador compulsivodiferentes actores -fundamentalmente la ciencia- han denominado de varias maneras este trastorno. Sin embargo, sólo quien lo padece experimenta el ardor de este infierno.

La conducta de comprar, configura una de las tantas sustancias o conductas humanas a las cuales, una persona puede volverse adicta. En este caso, el modo patológico de relacionarse con las compras,como en toda adicción configura un síndrome de origen multifactorial, en el cual se incluyen causas psicológicas, sociales, genéticas y biológicas, que va deteriorando paulatinamente su calidad de vida.
Nos focalizamos en la adicción a las compras, por tanto se vuelve pertinente aludir a la influencia que ejerce en este trastorno, el modelo de consumo reinante en nuestra sociedad.
Tal como está estructurada la economía en nuestro país, ésta se nutre del consumo de sus habitantes,ya que significa el 65% de su PBI. En este sentido, el aumento de ese indicador está fuertemente unido al incremento del consumo. Esto implicaría claramente que si las personas aumentan su consumo,como consecuencia del nutrido PBI, obtendrían una mayor calidad de vida. Sin embargo, diferentes estudios antropológicos, sociológicos y psicológicos evidencian que este silogismo lejos está de ese resultado. Sabido es que ninguna estructuración económica implica un determinismo absoluto pero es importante entender que, como todo fenómeno social de tales características, implica necesariamente un condicionamiento consciente o no, sobre cómo aborda su vida cada persona. De esta forma, incide en nuestra escala de valores, en nuestros comportamientos, creencias, emociones, relaciones interpersonales, laborales, familiares, etc., etc.…
Es uno de los trastornos en el cual más se evidencia esa tendencia social de ver y verse evaluado por lo que uno tiene más que por lo que uno es, donde el ser y tener parecen considerarse sinónimos.
En esta misma línea, encontramos que la gran valoración por las cosas materiales opera en una persona, como uno de los principales factores de riesgo para desarrollar este trastorno. No importa lo que tenga o compre, sino el simbolismo que entraña el objeto en sí mismo. Por ejemplo, qué representa para esa persona tener algo de vanguardia o de determinada marca, o aún qué significado le da al propio acto de comprar en una determinada firma.
Datos estadísticos nos hablan de una prevalencia de esta patología en la población femenina abarcando aproximadamente el 80% del total de adictos a esta conducta y un entorno del 20% del trastorno en población masculina. Este porcentaje varía de acuerdo a la sociedad encuestada. Sin embargo también, otras lecturas expresan que esa diferencia no es tal, sino que las mujeres tienen menos inconveniente en manifestar su problemática ante los encuestadores. Los estudios sí coinciden en la clase de artículos que adquieren, ya que tienden a variar de acuerdo al género de la persona, aunque obviamente depende de cada caso. Las mujeres fundamentalmente suelen comprar ropa, perfumes, maquillaje, joyas, y también productos para el hogar. Los hombres por su parte,generalmente compran herramientas, productos tecnológicos, electrónicos, accesorios para el auto.
Cuando esta adicción comienza a instalarse, la aceptación social que conlleva el consumo/consumismo facilita muchas veces una confusión en quien se está enfermando, acerca de la pertinencia o no de hacer un pedido de ayuda profesional. Incluso se confunde el elegir darse un gusto eventualmente,con el mecanismo impulsivo de calmar la ansiedad con una compra. Pero en este caso hablamos de un mecanismo que lejos está de algún despilfarro ocasional del cual la persona puede arrepentirse o no,sino que se manifiesta con un deseo abrumador de comprar algo que calme esa sensación insoportable y el hecho de no poder dejar de hacerlo… aunque sepa que luego lo deba pagar con remordimiento, vergüenza y más endeudamiento.
Al irse enfermando, la persona va sustituyendo gradualmente el tiempo que solía dedicar a sus actividades sociales y laborales para dedicarse a realizar compras; y así es como va empobreciendo su calidad de vida.
Estamos hablando de que en la adicción a las compras, reina una falta de control, una orientación compulsiva hacia esa conducta que se lleva a cabo, a pesar de las consecuencias dañinas del acto. En el lapso que compra se encuentra dominado por el deseo y está bajo el yugo de una memoria selectiva,por ello, no recuerda el sufrimiento asociado a las consecuencias. En esos momentos, gobernado por un ansia irrefrenable, sólo tiene presente la gratificación del acto en sí mismo.
Este mecanismo mental inconsciente mantiene protegido al sistema adictivo, reforzando cada vez más, la construcción de un nuevo equilibrio enfermo que paulatinamente se va sofisticando con la concreción y progresión de tal conducta adictiva. Es un acto eufórico, cognitivamente basado en una memoria con tales características. Aquí, el acto de comprar, le promueve una producción de adrenalina tal, que le genera una sensación de felicidad asociada a la euforia. Esta euforia efectivamente mantiene alejada a la angustia pero, unos minutos después se enfrenta nuevamente con esa misma angustia, y enfrentada además a las nocivas secuelas de sus compras.
Asimismo, la persona que padece esta enfermedad se conduce en su vida con un sistema de creencias y pensamientos distorsionados caracterizados por el autoengaño y la negación, mecanismos destinados a separar mentalmente la relación que existe entre la conducta enferma y el deterioro en su calidad de vida.
Está claro que el sujeto que transita este trastorno, no necesita la inmensa mayoría de productos que compra y siempre compra más de lo que sus ingresos le permiten generándose así, deudas cada vez más difíciles de afrontar es por ello también que acude al manejo de varias tarjetas de crédito y préstamos, entre otros. O sea, el manejo de sus finanzas está seriamente comprometido. Guiado por el impulso de comprar, muchas veces sus gastos prioritarios –pago de alquiler, teléfono, luz…- quedan a un lado, dando paso a compras innecesarias para su vida. El Dr. Laquidara expresa: “El comprador compulsivo compra cosas que no necesita con dinero que no tiene”.
De hecho, al tener tantos productos similares o iguales al que compró, la persona no sabe qué hacer con ellos. Y es la vergüenza de haber estado a merced de su impulso y/o el temor de que sus allegados se lo recriminen, los que lo lleva a regalarlos, tirarlos o esconderlos de los demás. Sus creencias le susurran: “si escondes el producto, escondes la enfermedad”.

                                                 Lic. Psic. Gretel Groisman
                                                        Tel. 09215839